Daré una opinión personal como economista y chapinguero
egresado de la especialidad de economía agrícola,
dado que nadie en su sano juicio duda que la escasez
del vital líquido se está convirtiendo en un problema que,
de no ser atendido con la suficiente prontitud y disposición, tarde
o temprano va a convertirse en un problema grave que dará al gobierno
dolores de cabeza y a los ciudadanos serios problemas en
su calidad de vida, lo cual traerá aparejado problemas de la salud
y, además, generará descontento social que puede transformarse
en un conflicto inconveniente en caso de no atenderse como es
debido oportunamente.
Los mantos freáticos en México han ido bajando su nivel y ello
se debe a que el consumo de agua aumenta conforme la población
crece. Este crecimiento se nota en el cambio que se dio en
cuatro décadas: en los setenta la población era rural, pues el 75%
de ella tenía esta categoría y sólo 25% urbana. En la actualidad
la cifra está al revés, es decir, la población rural es sólo del 25% y
la urbana del 75%. Dicen que para muestra basta un botón y pongo
el caso de la cuenca lacustre del Valle de México, que estaba
conformada por los lagos de Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco
y Chalco. La superficie de esta cuenca es de poco más de
2 mil kilómetros cuadrados. La región del lago de Texcoco, según
publicaciones de la Conagua en el Diario Oficial de la Federación,
en el año 2009 se tenía un déficit de 49 millones de metros cúbicos
anuales, es decir, se sacaba desde entonces más agua de la que
se inyectaba a los mantos freáticos; sin embargo, la cifra dada a conocer por la misma institución al 2013, muestra que lejos de
corregirse esa cifra negativa, el déficit se elevó a 95 millones de
metros cúbicos anuales, es decir, la cifra se duplicó. Esta realidad
nos da a conocer el problema, pero, a la vez, nos lleva a reconocer
las medidas que deben tomarse para alcanzar una solución
responsable. Las formas para resolver el problema de los mantos
freáticos están basadas en la recarga intencional de dichos mantos
a través de los famosos pozos de absorción que permiten que
el agua de lluvia se filtre y, directamente, recargue el manto; o
bien, se pueden recargar los mantos freáticos mediante la reforestación;
o bien, mediante el manejo del agua mediante la captura
o trampas de agua; o bien, mediante el tratamiento de aguas residuales
para su limpieza y recarga de los mantos freáticos.
Por otro lado, acciones que evitan el mal uso del agua de los
mantos freáticos deben estar basadas en el uso adecuado de la
tecnología para el ahorro de agua. Es el caso, por ejemplo, del uso
del agua a través de la agricultura protegida que permite el ahorro
del recurso hídrico. Finalmente, el uso de abono orgánico permite
mantener la humedad de la superficie y recuperar suelos, pues
la erosión de todo tipo conlleva a la pérdida de la humedad y, por
consiguiente, a la disminución de la productividad del suelo y de la
posibilidad de mantener esa humedad como una forma de recarga
de los mantos freáticos.
Es por eso que, en el marco de la reforma que se plantea para el
manejo del agua, es necesario poner de manifiesto que la ley debe
contemplar, expresamente, la necesidad de que los tres órdenes
de gobierno colaboren con acciones precisas y bien direccionadas
para la recarga de los mantos freáticos. Debido a que se tiene en
el país una “República de Repúblicas”, es decir, tres órdenes de
gobierno, entonces, hay organismos operadores en las tres instancias:
Conagua, CAEM (en el Estado de México), y en algunos
municipios mexiquenses, existe el organismo operador, algunos
se llaman: Odapas, y esta división, no permite que haya acciones
direccionadas con base en un plan maestro que sirva para la recarga
de los mantos freáticos; por el contrario, en ocasiones las
instancias se estorban y no colaboran entre ellas, por lo que se
genera la desatención al problema mencionado.
Dr. Brasil Acosta Peña
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