jueves, 25 de agosto de 2016

Dr Brasil

Daré una opinión personal como economista y chapinguero egresado de la especialidad de economía agrícola, dado que nadie en su sano juicio duda que la escasez del vital líquido se está convirtiendo en un problema que, de no ser atendido con la suficiente prontitud y disposición, tarde o temprano va a convertirse en un problema grave que dará al gobierno dolores de cabeza y a los ciudadanos serios problemas en su calidad de vida, lo cual traerá aparejado problemas de la salud y, además, generará descontento social que puede transformarse en un conflicto inconveniente en caso de no atenderse como es debido oportunamente. Los mantos freáticos en México han ido bajando su nivel y ello se debe a que el consumo de agua aumenta conforme la población crece. Este crecimiento se nota en el cambio que se dio en cuatro décadas: en los setenta la población era rural, pues el 75% de ella tenía esta categoría y sólo 25% urbana. En la actualidad la cifra está al revés, es decir, la población rural es sólo del 25% y la urbana del 75%. Dicen que para muestra basta un botón y pongo el caso de la cuenca lacustre del Valle de México, que estaba conformada por los lagos de Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco. La superficie de esta cuenca es de poco más de 2 mil kilómetros cuadrados. La región del lago de Texcoco, según publicaciones de la Conagua en el Diario Oficial de la Federación, en el año 2009 se tenía un déficit de 49 millones de metros cúbicos anuales, es decir, se sacaba desde entonces más agua de la que se inyectaba a los mantos freáticos; sin embargo, la cifra dada a conocer por la misma institución al 2013, muestra que lejos de corregirse esa cifra negativa, el déficit se elevó a 95 millones de metros cúbicos anuales, es decir, la cifra se duplicó. Esta realidad nos da a conocer el problema, pero, a la vez, nos lleva a reconocer las medidas que deben tomarse para alcanzar una solución responsable. Las formas para resolver el problema de los mantos freáticos están basadas en la recarga intencional de dichos mantos a través de los famosos pozos de absorción que permiten que el agua de lluvia se filtre y, directamente, recargue el manto; o bien, se pueden recargar los mantos freáticos mediante la reforestación; o bien, mediante el manejo del agua mediante la captura o trampas de agua; o bien, mediante el tratamiento de aguas residuales para su limpieza y recarga de los mantos freáticos. Por otro lado, acciones que evitan el mal uso del agua de los mantos freáticos deben estar basadas en el uso adecuado de la tecnología para el ahorro de agua. Es el caso, por ejemplo, del uso del agua a través de la agricultura protegida que permite el ahorro del recurso hídrico. Finalmente, el uso de abono orgánico permite mantener la humedad de la superficie y recuperar suelos, pues la erosión de todo tipo conlleva a la pérdida de la humedad y, por consiguiente, a la disminución de la productividad del suelo y de la posibilidad de mantener esa humedad como una forma de recarga de los mantos freáticos. Es por eso que, en el marco de la reforma que se plantea para el manejo del agua, es necesario poner de manifiesto que la ley debe contemplar, expresamente, la necesidad de que los tres órdenes de gobierno colaboren con acciones precisas y bien direccionadas para la recarga de los mantos freáticos. Debido a que se tiene en el país una “República de Repúblicas”, es decir, tres órdenes de gobierno, entonces, hay organismos operadores en las tres instancias: Conagua, CAEM (en el Estado de México), y en algunos municipios mexiquenses, existe el organismo operador, algunos se llaman: Odapas, y esta división, no permite que haya acciones direccionadas con base en un plan maestro que sirva para la recarga de los mantos freáticos; por el contrario, en ocasiones las instancias se estorban y no colaboran entre ellas, por lo que se genera la desatención al problema mencionado.
Dr. Brasil Acosta Peña

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